Es injusto y esta vez no hablo por experiencia propia, por suerte para mi. Normalmente cuando sale algo por hacer te ilusionas, lo que suele llamarse
'síndrome de la lechera', planeas y proyectas todas tus neuronas creativas en esa tarea precipitadamente. Porque al cabo de un tiempo en ascuas recibes una llamada, algo así como:
- Es que conozco a un amigo de un primo mío que me lo hace gratis. Lo siento.
No, si a mi me parece perfecto, es evidente que el amigo del primo le ha comido el tarro para que la balanza cambie de lado con argumentos tan inciertos como delecnables:
'Es que como contrates con una empresa te van a chupar pasta todos los meses con la excusa del mantenimiento'. Lo triste es que en un alto porcentaje de ocasiones el producto
'familiar' es decepcionante.
También es probable que ese supuesto mantenimiento que los profesionales deberían (deberíamos) cobrar es gratuito en caso del amigo del primo, pero llegará un momento que mandará todo a tomar por donde se empiezan los cestos, normal en esta sociedad en la que el tiempo es oro.