Volver a volar
Desde la luna de miel no he vuelto a subirme a un pájaro volador, ya en la ida me sentía bastante abrumado con el viaje de 4 horas y media en un tubo metálico, a 800Km/h (aprox.), cargado de queroseno, a miles de pies de altura...
Y las turbulencias de la vuelta no ayudaron a calmar mi estabilizador interno, con lo que, al pisar suelo gallego entoné un típico "nunca máis" aunque sabía que lo decía con la boquita pequeña.

